Prepararnos para el mañana: cómo la diversificación proteica reduce riesgos sanitarios

Los recientes brotes de gripe aviar y de peste porcina han generado preocupación y evidenciado algo que la comunidad científica viene advirtiendo: la salud pública y la forma en que producimos nuestras proteínas están profundamente conectadas.


En los últimos años, España ha vivido episodios que nos recuerdan una realidad incómoda: nuestro sistema alimentario es más vulnerable de lo que pensamos. 

Aunque las transmisiones de virus de animales a humanos no son comunes, la historia nos recuerda que pueden ocurrir. Tanto la gripe de 1918 como la más reciente COVID-19 muestran que nuevas enfermedades pueden surgir y extenderse rápidamente, con consecuencias que todos conocemos. Cuando existe una alta interacción entre animales silvestres, ganado y personas, o cuando la producción depende de sistemas intensivos, aumentan las oportunidades de transmisión y mutación de patógenos. 

Los brotes en animales no siempre se transmiten a las personas, pero pueden afectar la disponibilidad de alimentos, incrementar los costes y tensar las cadenas de suministro. Lo hemos visto con la gripe aviar y la peste porcina africana: aunque el consumo siga siendo seguro, el sacrificio preventivo y la caída de producción conllevan pérdidas económicas y subidas de precios para todos, desde  las granjas, hasta los consumidores. Con el aumento en la demanda global de carne, estos riesgos podrían intensificarse si no diversificamos nuestras fuentes de proteínas.

Por eso, avanzar hacia un sistema alimentario más diverso y resiliente, donde las alternativas proteicas complementen la oferta actual y permitan al sector alimentario hacer frente a posibles disrupciones de forma más efectiva, no solo es una apuesta económica, sino también por la salud pública. 

Las proteínas alternativas como aliadas de la salud pública

Las proteínas vegetales, la fermentación y la carne cultivada ofrecen un mix de oferta de proteínas estable y preparado ante imprevistos. ¿Por qué importa esto para la salud pública?

1. Menor riesgo epidemiológico
Producir parte de la proteína que necesitamos sin depender de animales vivos reduce las posibilidades de que puedan surgir o expandirse ciertos brotes.

2. Menor presión antibiótica
En los últimos años, el uso de antibióticos en la ganadería ha disminuido gracias a mejoras en la gestión sanitaria y a regulaciones más estrictas. Sin embargo, la cantidad utilizada en Europa y en el mundo sigue siendo elevada. Al diversificar, reducimos la demanda global de estos fármacos esenciales y contribuimos a frenar la resistencia antimicrobiana.

3. Mayor resiliencia alimentaria
Si un sector se ve afectado, disponer de fuentes alternativas ayuda a mantener el suministro sin picos de precios ni escasez, ayudando a los consumidores a acceder a sus alimentos preferidos incluso en una situación de crisis sanitaria animal.

Foto: Sanygran
Foto: Sanygran

España puede liderar la diversificación proteica

En este contexto, las proteínas alternativas están ganando relevancia como soluciones complementarias para reforzar la resiliencia y estabilidad del sistema alimentario, además de reducir su impacto ambiental y proteger la salud pública.

El ecosistema de proteínas alternativas está creciendo con fuerza en España y Europa: startups, universidades y centros tecnológicos investigan nuevas soluciones sostenibles, mientras inversores y empresas apuestan por el futuro del sector alimentario en este ámbito.

En el Good Food Institute Europe hemos publicado recientemente el primer informe sobre el ecosistema español de proteínas alternativas, que analiza su papel en la economía, la sostenibilidad y la seguridad alimentaria del país.

Cada política pública, cada inversión en I+D, cada apoyo a las nuevas proteínas acerca un escenario más preparado ante futuras crisis sanitarias. La diversificación proteica no es “la” única solución. Pero es una parte esencial del camino si queremos un sistema alimentario saludable, resistente y preparado para el mañana.