“Hamburguesa” y “salchicha” se salvan, pero la UE prohíbe 31 términos de uso común para alimentos de origen vegetal
Los términos «hamburguesa» y «salchicha» aún pueden utilizarse para describir productos de origen vegetal, pero se prohibirán docenas de otros términos cotidianos en virtud de restricciones innecesarias que confundirán a los consumidores, perjudicarán a la economía de la UE y pondrán en peligro la resiliencia europea.

Las palabras “hamburguesa” y “salchicha” podrán seguir utilizándose para describir productos vegetales que imitan la carne. Sin embargo, Decenas de términos quedarán vetados bajo unas restricciones que, lejos de aportar claridad, podrían generar confusión entre los consumidores, perjudicar a la economía europea y comprometer la resiliencia del sistema alimentario.
En cuanto la normativa entre en vigor, los productos vegetales vendidos en cualquier país de la UE ya no podrán etiquetarse como “steak” o “filete”, y las empresas tendrán prohibido utilizar términos asociados a animales concretos como “ternera”, “pollo” o “cerdo”.
Se han restringido un total de 31 términos, incluidos nombres relacionados con determinados cortes de carne como “pechuga”, “muslo” o “alita”.
Además de afectar a los productos de origen vegetal existentes, la decisión también contempla prohibir estos términos para productos e ingredientes de carne cultivada que aún no han llegado al mercado. Esto podría suponer un riesgo de alergia para los consumidores, que necesitan comprender con claridad lo que están comprando. Los estudios demuestran que el uso de nombre “cárnicos” para la carne cultivada es fundamental para la comprensión de los consumidores. Las decisiones sobre etiquetado también forman parte del proceso de autorización de estos nuevos alimentos, por lo que estas restricciones podrían debilitar significativamente este proceso.
La decisión se tomó durante las negociaciones de “trílogo” entre la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Consejo de la UE, en lo que supuso el tercer intento de las partes por alcanzar un acuerdo sobre un texto común. El Parlamento Europeo respaldó previamente las propuestas presentadas el año pasado ante la Comisión de Agricultura por la eurodiputada francesa Céline Imart.
Su iniciativa, presentada como parte de una “revisión específica” del Reglamento de la Organización Común de Mercados, pretendía reforzar las normas existentes para proteger a los agricultores, retomando argumentos y planteamientos que llevan circulando en el debate político desde hace más de cinco años.
El Parlamento Europeo ya debatió medidas similares en 2020. En aquella ocasión, los eurodiputados terminaron rechazando la llamada “prohibición de la hamburguesa veggie”, tras recibir una amplia atención en la prensa internacional.
Una prohibición innecesaria
Encuesta tras encuesta, los europeos han dejado claro que apoyan el uso de un lenguaje cotidiano y familiar para los alimentos de origen vegetal, ya que les ayuda a saber qué pueden esperar de estos productos.
Aunque la UE finalmente no ha llegado a prohibir los términos genéricos más utilizados, esta decisión seguirá generando confusión innecesaria para los consumidores.
Productos de origen vegetal etiquetados como “pollo vegetal” o “filete vegano” yason productos habituales en las estanterías de los supermercados en toda Europa.
Es importante que estas opciones sean fáciles de identificar y comprender, ya que cada vez hay más evidencia de que la carne vegetal puede aportar beneficios para la salud, en particular como alternativa práctica para reducir el consumo excesivo de carne procesada convencional.
Introducir cambios arbitrarios en prácticas de etiquetado establecidas desde hace muchos años desentona con el uso cotidiano del lenguaje por parte de la ciudadanía.
Para el sector de los alimentos de origen vegetal —uno de los más innovadores y de mayor crecimiento dentro de la industria alimentaria europea— estas restricciones también supondrían costes adicionales, como el rediseño de etiquetas, y podrían hacer menos atractivo el mercado europeo para empresas internacionales.
La UE se ha comprometido a simplificar y reducir la burocracia para las empresas. Por lo tanto, la introducción de nuevas restricciones que generarán costes para un sector emergente vaen dirección contraria a ese objetivo.
Un golpe a la competitividad europea
El momento elegido para esta decisión resulta especialmente paradójico, ya que se produce apenas unas semanas después de que un análisis, elaborado por la consultora Systemiq con el apoyo del Good Food Institute Europe, revelara las enormes oportunidades de crecimiento que podría ofrecer a la UE la expansión de proteínas alternativas, como la carne vegetal. . Según el informe, en España el sector podría generar hasta 10.000 millones de euros en valor añadido bruto de aquí a 2040, crear más de 30.000 empleos y reforzar la posición del país como centro estratégico de biomanufactura en Europa.
Por otra parte, el crecimiento del mercado de alternativas vegetales a la carne y los lácteos podría más que duplicar la demanda europea de materias primas como guisantes, habas, lentejas o garbanzos, generando nuevas oportunidades para que los agricultores europeos diversifiquen su producción.
Sin embargo, el informe señala que para aprovechar este potencial la UE debe invertir en investigación e infraestructuras que permitan desarrollar proteínas alternativas sabrosas y asequibles. También subraya la necesidad de evitar restricciones en el uso de denominaciones y adoptar una terminología común que facilite el reconocimiento y la confianza de los consumidores.
Un sistema alimentario bajo presión
El sistema alimentario europeo se enfrenta a numerosos desafíos: desde conflictos internacionales que tensionan el comercio global hasta impactos climáticos cada vez más graves, como sequías e inundaciones en distintos puntos del continente.
Ante este escenario, es urgente reforzar la resiliencia de las cadenas agroalimentarias y aumentar la soberanía alimentaria europea.
Se prevé que la demanda mundial de carne crezca al menos un 52% para 2050. En Europa, ya destinamos el 45% de todos los cultivos a alimentar animales y utilizamos la mitad de la superficie agrícola para la ganadería. En un mundo cada vez más incierto, necesitamos un sistema alimentario más diversificado.
La carne vegetal puede contribuir a satisfacer la demanda de carne utilizando menos tierra, y una diversificación moderada de la producción de proteínas podría liberar hasta un 21% de las tierras agrícolas europeas para reforzar la producción alimentaria destinada directamente a las personas.
Por ello resulta difícil comprender que los responsables políticos hayan dedicado tanta atención a esta cuestión. En lugar de debatir restricciones que los consumidores han dejado claro que no desean, deberían centrar sus esfuerzos en crear un sistema alimentario más saludable, resiliente y sostenible.
Aunque esta decisión envía una señal preocupante sobre la diversificación de proteínas en la UE, no debería frenar los esfuerzos por ampliar la producción de alimentos vegetales y otras proteínas alternativas. Cada vez más responsables políticos reconocen también el papel que pueden desempeñar tecnologías como la fermentación para impulsar el crecimiento económico sostenible.
Términos restringidos (en inglés): beef, veal, pork, poultry, chicken, turkey, duck, goose, lamb, mutton, ovine, goat, drumstick, tenderloin, sirloin, flank, loin, steak, ribs, shoulder, shank, chop, wing, breast, liver, thigh, brisket, ribeye, T-bone, rump and bacon.