Las proteínas alternativas: una herramienta estratégica para la adaptación al cambio climático en España
Sequías, epidemias, inundaciones: el cambio climático ya está transformando el sistema alimentario español. Descubre cómo las proteínas alternativas pueden ser una estrategia de adaptación al cambio climático y fortalecer la seguridad alimentaria en España.
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21 abril 2026

En España, titulares como “La sequía amenaza con reducir la producción de aceite de oliva por debajo de 1,3 mill de toneladas”, “Los agricultores riojanos calculan que se ha perdido más del 50% de la cosecha de almendra por la lluvia” o “El huevo es el alimento que más se ha encarecido este 2025, con la gripe aviar de fondo” ya son algo habitual.
Ante el cambio climático, España, uno de los mayores productores y exportadores de alimentos a nivel mundial, es especialmente vulnerable. La temperatura aumenta más rápidamente que la media. El alto riesgo de desertificación y degradación de suelos está ampliamente documentado. Las olas de calor, los incendios, las inundaciones y episodios de sequía son cada vez más intensos y frecuentes, arrasando ecosistemas, cultivos y explotaciones ganaderas. A esto se suma una fuerte dependencia de las importaciones como la soja, para alimentar a la ganadería, también sujetas a presiones climáticas e inestabilidad geopolítica.
Se estima que el cambio climático supone cada año unas pérdidas equivalentes a 550 millones de euros para los agricultores españoles, lo que equivale a en torno al 6% de toda la producción agrícola de España.
Y es que, a modo de efecto boomerang, la producción de alimentos es una de las principales causas del cambio climático – generando más de un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero – pero también sufre profundamente sus consecuencias.
Ante esta fragilidad, es urgente desarrollar estrategias de adaptación al cambio climático que protejan tanto la seguridad alimentaria española como el medio ambiente. Con ese objetivo, las proteínas alternativas son clave: necesitan menos agua, menos superficie agrícola y producen menos emisiones que las proteínas de origen animal, por lo que representan una oportunidad imprescindible para fortalecer el sistema alimentario frente a la crisis climática.
¿Qué son las proteínas alternativas?
Con proteínas alternativas nos referimos a aquellas de origen vegetal, a los ingredientes y proteínas obtenidos mediante fermentación o a la carne y los ingredientes cultivados.
Las proteínas de origen vegetal son las más conocidas y accesibles, y se obtienen directamente de las plantas. Gracias a avances científicos en sabores, aromas y texturas, los nuevos productos vegetales que imitan a la carne, el pescado, el marisco, los huevos y los lácteos tienen un sabor, aroma y textura muy similares. También se cocinan igual y tienen ventajas nutricionales con respecto a la carne procesada a la que suelen sustituir.
Las proteínas obtenidas mediante fermentación se producen usando microorganismos – levaduras, hongos, bacterias – que transforman sustratos orgánicos en proteínas. Existen varios tipos de fermentación:
- la tradicional usada desde hace milenios para hacer pan o cerveza
- la fermentación de biomasa utiliza, normalmente, hongos o bacterias para producir ingredientes con un valor nutricional o textura muy atractivos.
- la fermentación de precisión es aún más innovadora, utilizando levaduras que producen las proteínas deseadas de forma mucho más rápida, eficiente y sostenible que los métodos convencionales.
La carne cultivada se produce extrayendo células de un animal y cultivándolas en biorreactores con los nutrientes necesarios para favorecer su crecimiento y replicación natural y poder obtener diferentes tejidos, como por ejemplo músculo o grasa. El resultado final es un ingrediente obtenido a partir de células animales – con una estructura y composición similar a la carne convencional – sin necesidad de criar o sacrificar animales.
¿En qué medida pueden las proteínas alternativas ayudar a adaptarse al cambio climático?
Hoy en Europa, la mayor parte de las proteínas que consumimos provienen de animales. En España, el 65,6% de la ingesta total de proteína procede de fuentes animales según el estudio ANIBES de la Fundación Española de Nutrición. A medida que crecen la población y la demanda de alimentos, este modelo no es sostenible.
La ganadería industrial genera grandes cantidades de gases de efecto invernadero y requiere volúmenes enormes de agua y tierra, contribuyendo así a la destrucción de hábitats y la pérdida de biodiversidad. Además, es muy poco eficiente: actualmente, hace uso del 77% del suelo agrícola disponible en todo el mundo, pero produce únicamente en torno al 20% de toda la proteína que necesitamos. En España, según el informe de Green Alliance, alrededor del 50% de la superficie agrícola se destina al consumo doméstico de carne y productos lácteos, mientras que sólo alrededor del 30% se utiliza para el cultivo de alimentos vegetales para el consumo de los españoles.
Una de las formas más eficaces de adaptarnos al cambio climático y reforzar nuestro suministro de proteínas es diversificar sus fuentes, de ahí la importancia de las proteínas alternativas.
Producir proteína con menos agua
En enero del 2026, un nuevo informe de las Naciones Unidas reveló que el planeta ha pasado de estar en una situación de crisis hídrica a una situación de bancarrota hídrica, en la cual cada vez más cuencas y acuíferos están perdiendo la capacidad de volver a su “normalidad histórica”. En España, esto es particularmente relevante ya que el Convenio de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación identificó el territorio español como uno de los puntos críticos en riesgo a nivel mundial.

La ganadería convencional consume casi un tercio del agua dulce del planeta, que se usa principalmente para regar los cultivos que se destinan a la alimentación animal. En comparación, una revisión sistemática realizada en 2024 concluyó que la carne vegetal utiliza entre un 74% y un 93% menos de agua que la carne convencional. Otro análisis de ciclo de vida de productos de fermentación de precisión reveló que, en lo que respecta a la producción de lácteos de forma alternativa, podrían reducir en un 81% el consumo de recursos hídricos comparado con la leche de vaca convencional.
En un país dónde el agua se está convirtiendo en un recurso escaso, las proteínas alternativas se posicionan como una de las soluciones más eficientes para asegurar la seguridad hídrica y alimentaria a largo plazo.
Restaurar la biodiversidad, nuestra mejor aliada para aliviar los efectos del cambio climático
Los ecosistemas saludables – bosques, humedales, praderas, suelos vivos – son clave para regular el clima del planeta. Absorben carbono, gestionan el ciclo del agua, estabilizan temperaturas y protegen los cultivos de plagas y eventos extremos.
Se estima que un tercio de todas las especies animales y vegetales existentes hoy podrían desaparecer antes de 2070. La ganadería a gran escala es una de las principales causas de esta pérdida de biodiversidad: la enorme superficie que requiere (y la deforestación que conlleva), las emisiones que genera, y el consumo y contaminación del agua que provoca están llevando ecosistemas enteros al límite.

Según Green Alliance, una mayor adopción de proteínas alternativas podría liberar hasta el 46% de la superficie agrícola en España. Esto permitiría dar cabida a métodos de ganadería más respetuosos con el medio ambiente, expandir bosques, restaurar ecosistemas dañados, y darle espacio a la naturaleza para que recupere su capacidad para aliviar los efectos del cambio climático. Además, incluso un aumento moderado del consumo de proteínas alternativas, podría reducir a la mitad la superficie agrícola que España utiliza en otros países, más concretamente en 2 millones de hectáreas (una superficie dos veces mayor que Asturias).
España importa cada año millones de toneladas de soja – procedentes principalmente de Brasil y Argentina – para alimentar a su cabaña ganadera. Esta dependencia es un riesgo, dado que expone la seguridad alimentaria española a posibles shocks externos como los propios efectos del cambio climático en esas regiones exportadoras o cambios geopolíticos. La invasión de Ucrania es un claro ejemplo que disparó los precios de los piensos y, con ellos, el coste de la carne, huevos y lácteos.
Según un estudio de Systemiq, con el apoyo y la inversión adecuados para la diversificación de las proteínas, la UE podría reducir su dependencia de la soja importada para la alimentación animal en un 23% para 2040. Se trata de reducir la concentración de riesgo, para que si una fuente de proteína falla, las demás pueden compensar.
Reducir la vulnerabilidad ante problemas de sanidad animal
La gripe aviar, la peste porcina africana, la fiebre aftosa… Las epidemias que afectan al ganado son una amenaza recurrente y estructural, y el cambio climático aumenta su probabilidad, ya que el aumento de la temperatura y la alteración de ecosistemas crean condiciones propicias para la supervivencia, reproducción y expansión de patógenos y sus vectores.
Una oferta de proteínas que no dependa casi en exclusiva de la ganadería es un sistema más resiliente ante estos choques. Las proteínas vegetales u obtenidas mediante fermentación no son susceptibles a este tipo de problemas, y su producción puede mantenerse activa cuando una epidemia obliga a interrumpir cadenas de suministro de proteína animal.
Diversificar las oportunidades de mercado para los agricultores
Los agricultores españoles se enfrentan cada vez más a retos climáticos que amenazan su rentabilidad y modo de vida, como la falta de relevo generacional en las explotaciones, los problemas de rentabilidad y la posición que tienen en la cadena alimentaria actual.

Sin embargo, las proteínas alternativas podrían ser una oportunidad para que los agricultores españoles diversifiquen su producción. Como importante productor de cereales, remolacha, patatas, legumbres y almendras, el sector agrícola español se encuentra ya en una posición idónea para suministrar ingredientes y materias primas clave a los sectores de los productos de origen vegetal y de la fermentación.
Las proteínas alternativas ofrecen nuevas oportunidades de mercado que podrían aportar un valor añadido bruto de 10.000 millones de euros anuales a la economía española para 2040 en un escenario de ambición moderada, según el último informe de Systemiq.
Reducir las emisiones de gases a efecto invernadero
Cada fracción de grado puede marcar la diferencia entre seguridad e inseguridad alimentaria. En España, la ganadería industrial representa hasta el 80% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero del sector agrícola, principalmente por el metano que emite el ganado rumiante, aunque también por el óxido nitroso de suelos fertilizados, las emisiones asociadas al transporte y procesado de piensos, y por la deforestación que causa.
A nivel europeo, un estudio indica que la producción y el consumo de productos de origen animal representan entre el 12% y el 17% de las emisiones de gases de efecto invernadero del bloque. Según otro estudio de la Universidad de Oxford, incluso si se eliminaran las emisiones de combustibles fósiles, el mundo no podría cumplir los objetivos del Acuerdo de París sin abandonar la ganadería industrial.
Las proteínas alternativas pueden reducir las emisiones en hasta un 98% en comparación con la producción convencional de proteínas, limitando el aumento de la temperatura y sus consecuencias medioambientales.
¿Qué medidas se necesitan para acelerar la diversificación proteica y aprovechar su potencial medioambiental?
España ya cuenta con un ecosistema de proteínas alternativas dinámico e innovador. El talento investigador y el tejido empresarial están ahí, pero quedan obstáculos por superar para que pueda cumplir su papel en la adaptación climática de España.
¿Qué se puede hacer?
- Inversión en proyectos de I+D: La investigación es clave para mejorar el sabor, el valor nutricional y el precio de las proteínas alternativas. Los científicos, universidades, centros tecnológicos y grupos de investigación españoles especializados en proteínas alternativas necesitan un mayor apoyo para poder seguir situando a España como líder en la alimentación saludable y sostenible del futuro.
- Impulso al crecimiento de las empresas emergentes: Muchas empresas españolas de proteínas alternativas carecen de infraestructuras para producir sus productos a escala, lo que tiene implicaciones en el precio y la disponibilidad de estos alimentos. Movilizar inversiones públicas y privadas para facilitar el acceso a este tipo de instalaciones industriales es clave para que el sector pueda aportar todo su potencial económico y ambiental.
- Reconocimiento del papel de las proteínas alternativas en la dieta mediterránea: Los alimentos vegetales son la base de la dieta mediterránea, pero el consumo en España se ha alejado mucho de esas directrices, en gran parte por cambios en los hábitos alimentarios. Las administraciones aún no han reconocido el papel que de las proteínas alternativas para recuperar esa dieta mediterránea, adaptándola a las necesidades de conveniencia del S. XXI.
- Apoyo a nivel europeo: Los fondos europeos para I+D son ya la primera fuente de financiación para la comunidad investigadora española en proteínas alternativas, y los emprendedores y empresas del sector en España están también impulsando colaboraciones a nivel europeo. Por ello, la defensa y promoción de las proteínas alternativas y su capacidad para abordar retos ambientales, climáticos y de salud a nivel europeo está en el interés general de España y de su tejido económico e innovador.
Consulta todas nuestras recomendaciones para impulsar el sector de las proteínas alternativas en España.


