Hito en los “nuevos alimentos”: una nueva micoproteína obtiene la primera aprobación en la UE
Por primera vez desde que se introdujo el Reglamento sobre nuevos alimentos a finales de los años 90, esta semana la Unión Europea ha autorizado un nuevo ingrediente a base de micoproteína.
This article is also available in English.
Questo articolo è disponibile anche in italiano.
19 junio 2026

En un contexto de creciente inestabilidad de las cadenas de suministro alimentarias y de una necesidad cada vez mayor de formas más sostenibles de producir proteínas nutritivas, asequibles y sabrosas, la noticia supone una señal prometedora. La micoproteína es un ingrediente obtenido mediante la fermentación de biomasa de hongos, que presenta un perfil nutricional muy atractivo y una textura similar a la de la carne convencional.
La autorización significa que la startup neerlandesa The Protein Brewery podrá ahora comercializar su nuevo ingrediente (llamado Fermotein) en toda la UE. Se trata, sin duda, de un hito, especialmente teniendo en cuenta lo que ha tardado en llegar: un total de seis años desde la presentación inicial del expediente regulatorio hasta la aprobación final. Mientras que este producto, fruto de la investigación e innovación europeas, se presentó por primera vez en 2020, solicitudes de autorización más recientes de la misma empresa en Estados Unidos y Singapur fueron aprobadas hace más de un año. Este retraso plantea dudas sobre si el actual entorno europeo de fomento de la innovación puede realmente cumplir con su ambición de competitividad global sin un compromiso más sólido con la eficiencia regulatoria.
¿Qué es esta micoproteína y por qué es un ‘nuevo alimento’?
Este nuevo ingrediente se produce mediante fermentación de biomasa, igual que la micoproteína ya disponible en Europa (por ejemplo, en productos comercializados bajo la marca Quorn). La diferencia es que esta es la primera en utilizar un nuevo tipo de hongo filamentoso: una especie llamada R. pusillus. Aunque el uso de este hongo en la alimentación no es nuevo, ya que se encuentra de forma natural en alimentos fermentados tradicionales y se ha utilizado durante mucho tiempo para producir enzimas empleadas en la elaboración de queso, lo novedoso es su uso como ingrediente principal en sí mismo.
El proceso de fermentación es similar al de la cerveza y da como resultado un ingrediente rico en proteína completa y fibra dietética, que además contiene diversas vitaminas y minerales importantes. Los usos iniciales previstos en la UE se centran en mejorar el perfil nutricional de productos lácteos vegetales, su incorporación en harinas y masas para panadería y su uso como fuente funcional de proteína para el deporte o la nutrición personalizada.
La micoproteína, además de su perfil nutricional, destaca por su sostenibilidad. Un estudio realizado por Wageningen University & Research, encargado por The Protein Brewery, concluyó que Fermotein requiere entre 5 y 30 veces menos agua y entre 5 y 20 veces menos superficie por kg de proteína en comparación con los lácteos convencionales. También depende de cadenas de suministro más cortas que las de la ganadería industrial, lo que ofrece una herramienta para la diversificación y una mayor seguridad alimentaria.
Seguridad alimentaria y resiliencia
Como ha mostrado el actual contexto internacional, un sistema alimentario resiliente no es un lujo. El sector agroalimentario de la UE depende en gran medida de las importaciones de piensos proteicos: el 66% del pienso animal es importado y la autosuficiencia en harina de soja es de apenas el 4%. Con el avance del cambio climático y el aumento de la inestabilidad global, esto representa un riesgo creciente.
Para mitigarlo, es necesario diversificar el suministro de proteínas y ampliar la gama de opciones atractivas, asequibles y nutritivas producidas de forma más sostenible.
Este desafío no es exclusivo de Europa,y por tanto nos jugamos el liderazgo en diversificación proteica como una oportunidad. Europa alberga instituciones académicas de referencia mundial e investigadores a la vanguardia en este ámbito, además de un ecosistema diverso de startups y spin-offs. Un reciente estudio de Systemiq estima que, con el apoyo e inversión adecuados, las proteínas alternativas podrían aportar 10.000 millones de euros anuales a la economía española para 2040 y generar 34.000 empleos, el 12% de ellos en la agricultura.
El marco regulatorio: estándares altos, procesos más ágiles
Las normativas europeas de seguridad alimentaria se encuentran entre las más exigentes del mundo y así deben seguir siendo. Pero el rigor y la eficiencia no son opuestos: el verdadero reto es mantener el primero mientras se mejora el segundo.
Hoy, los retrasos habituales en el proceso de autorización no solo posponen el momento en que estos alimentos llegan al consumidor. Frenan también las decisiones de inversión en infraestructuras, el desarrollo de cadenas de suministro locales y el avance de la investigación. Los efectos se encadenan antes y después de la autorización formal, y su coste recae sobre el conjunto del sistema alimentario, no solo sobre las empresas que presentan la solicitud.
Si esta incertidumbre se consolida como norma, el ecosistema europeo y español que ha crecido en la última década podría empezar a perder tracción: investigadores atraídos hacia otras jurisdicciones o empresas que optan por escalar su producción fuera de la UE. Con ellos, también pueden diluirse los beneficios ambientales, sanitarios, económicos y de seguridad alimentaria que la diversificación proteica puede aportar — no por falta de voluntad, sino por falta de condiciones para crecer aquí.
La buena noticia: a problemas, soluciones (y herramientas más modernas)
La EFSA realiza un trabajo técnicamente complejo con recursos que no han crecido al mismo ritmo que el volumen y la variedad de solicitudes que recibe. Ampliar su capacidad es una condición necesaria, pero no es la única palanca disponible.
Guías de preevaluación más claras y actualizadas permitirían a los solicitantes presentar expedientes más completos desde el primer envío, reduciendo los ciclos de solicitud de información adicional. Acceder a asesoramiento científico preliminar de la EFSA antes de la presentación formal del dossier daría a los innovadores mayor certeza en el diseño de estudios, y a la autoridad la posibilidad de anticipar tendencias tecnológicas y construir experiencia específica antes de que llegue la evaluación formal.
Otro instrumento prometedor son los entornos regulatorios controlados, o sandboxes. En España, el Sandbox Agrifoodtech — impulsado por los Ministerios de Ciencia y de Agricultura junto a los gobiernos de Navarra y La Rioja y EATEX Innovation Hub — ya ofrece este tipo de espacio: un entorno supervisado donde reguladores e innovadores pueden generar conocimiento práctico sobre tecnologías nuevas antes de que lleguen a evaluación formal. Sin eludir ningún requisito de seguridad, permite recopilar datos de forma proactiva y aclarar cómo se aplican las normas existentes a productos que aún no tienen precedente regulatorio.
Cuando un ingrediente como Fermotein llega a evaluación, los reguladores se enfrentan a menudo a una tecnología que valoran por primera vez. Los sandboxes permiten reducir esa incertidumbre para ambas partes y el resultado son dosieres más sólidos y procesos de autorización más predecibles.
El Reglamento sobre nuevos alimentos ya ofrece un marco de referencia sólido para evaluar su seguridad. El desafío ahora es hacerlo operar a la velocidad que el sistema alimentario necesita — no únicamente por el beneficio para la industria, sino para no llegar tarde a las soluciones que ya tenemos al alcance.
Mirando al futuro
La llegada de Fermotein al mercado europeo es un acontecimiento importante y una de las pocas aprobaciones de proteínas alternativas como ‘nuevo alimento’ hasta la fecha.
Si Europa quiere realmente cimentar su soberanía alimentaria, cumplir sus objetivos climáticos y aprovechar el potencial económico de la diversificación de proteínas, un plazo de aprobación de seis años no puede convertirse en la norma. La próxima generación de innovaciones alimentarias sostenibles ya está en desarrollo, pero no podrá desplegar su potencial hasta obtener autorización para su comercialización. Es hora de hacer lo necesario para que cumplir con nuestros estándares no sea una carrera de obstáculos.