Nuestro sistema alimentario pasa calor: cómo la diversificación proteica puede aliviarlo
El sistema alimentario europeo está sufriendo las consecuencias de unas olas de calor sin precedentes y, al mismo tiempo, está contribuyendo a generar ese mismo calor. La diversificación de las fuentes de proteínas ofrece una forma de romper ese ciclo, reduciendo las emisiones y reforzando al mismo tiempo la resiliencia frente al calor que ya estamos sufriendo.
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22 de julio de 2026

Ni siquiera estamos a mediados del verano, y tanto España como el resto de Europa han experimentado ya dos olas de calor sin precedentes y están pendientes de la tercera. España, de hecho, ha registrado su segundo junio más caluroso desde que hay registros. Francia y Alemania, por su parte, también han batido récords nacionales varias veces en el mismo mes, y también se enfrentan a nuevas posibles olas de calor ahora en julio.
Europa es el continente que más se está calentando, con temperaturas que ascienden a un ritmo el doble de rápido que la media mundial. En particular, España ha sufrido un aumento de temperaturas de 1,75ºC desde 1961, por encima también de la media de todo el mundo. La Organización Meteorológica Mundial ha advertido de que sus proyecciones apuntan a que en torno a la mitad de la población europea podría estar en un riesgo severo por calor extremo en 2050, y AXA Climate ha alertado en un reciente estudio de que para ese año el clima de Madrid podría ser similar al de Marrakech.
El sistema alimentario europeo también está notando esa presión. El calor está afectando a la producción alimentaria, dañando cultivos y al ganado, reduciendo las cosechas y amenazando nuestra seguridad alimentaria. Por otro lado, nuestro sistema alimentario está especialmente expuesto al cambio climático, pero es también uno de sus principales contribuyentes. No en vano, en España la producción alimentaria produce unos 107,2 millones de toneladas de CO2eq al año, y el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la actividad agraria están relacionados con la ganadería intensiva.
En GFI Europe trabajamos para construir un sistema alimentario más sostenible que pueda resistir esta presión mediante la diversificación de fuentes de proteína. Si queremos que las personas puedan seguir disfrutando de alimentos nutritivos, ricos y accesibles, incluso en un contexto de calentamiento global, las proteínas de origen vegetal, obtenidas mediante fermentación y cultivadas serán esenciales.
¿Cómo afecta el calor a la producción alimentaria?
El estrés térmico, la sequía y los incendios forestales ya se están cobrando un alto coste en toda Europa. Según la predicción más reciente de cultivos de Coceral, tanto la UE como Reino Unido sufrirán un descenso de la producción de cereales de 23,4 millones de toneladas este año, lo que supone un 8% de la producción total, como resultado de las olas de calor. Según los cálculos de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL), el calor extremo podría estar provocando costes de entre 200 y 400 euros por hectárea en las explotaciones más afectadas, poniendo una presión adicional sobre su viabilidad. En algunos casos, indican que habría explotaciones con mermas de entre un 40% y un 45% de la cosecha prevista.
Si tanto las personas como los cultivos tenemos dificultades para soportar el calor extremo, los animales no son una excepción. Las cabezas de ganado que permanecen en interiores, lo que supone una gran proporción de la producción cárnica y láctea de toda Europa, son las que más afectadas pueden verse. El estrés térmico puede causarles problemas respiratorios y cardíacos, deshidratación, afectar a su sistema inmunitario, reducir su fertilidad y, en algunos casos, incluso provocarles la muerte. En Mallorca, ganaderos de porcino ya han alertado de la muerte de un 6% más de animales este pasado junio en comparación con 2025 por el calor extremo, ya que Baleares ha sido una de las Comunidades Autónomas más afectadas por las olas de calor en España este año. En Francia, la ola de calor extremo del pasado junio provocó la muerte de entre 2,5 y 3 millones de aves.
El cambio climático también incrementa la probabilidad de epidemias que afectan a los animales de ganado. Además de debilitar sus sistemas inmunitarios, las altas temperaturas y los cambios en los ecosistemas crean las condiciones idóneas para la propagación de enfermedades, causando también un mayor uso de antibióticos en la producción de carne y lácteos.

Estudios de Alemania y China evidenciaron que el ganado vacuno lechero producía hasta un 53% menos de leche bajo estrés térmico y que el contenido de proteínas de esa leche se reducía en torno a un 22%. En España, los ganaderos de Asturias y Cantabria, comunidades menos acostumbradas a los efectos del calor, han cifrado las pérdidas relacionadas con el estrés térmico en el vacuno, el ovino y el caprino lechero en torno a un 20-25% en 2026. Esto también afecta a la calidad de la carne de vacuno y al ritmo de crecimiento de los animales. La Iniciativa FAIRR estima que el estrés térmico, la escasez de agua y la reducción de la producción de piensos podría tener un coste de hasta 1,3 billones de dólares para las 40 principales empresas cárnicas del mundo en 2030 si no se toman medidas más ambiciosas.
En Europa, la ganadería también está muy expuesta a los efectos del cambio climático que ocurren en otros lugares del mundo, ya que la UE importa en torno a dos tercios de la alimentación animal que se da al ganado, principalmente de Brasil, Argentina y Estados Unidos. España es ya el principal importador de cereales de la UE, principalmente debido a la demanda provocada por la ganadería industrial, y se prevé que esas importaciones aumenten aún más este año debido a la reducción de la producción nacional en un 23% en 2026, incrementando la dependencia de la producción alimentaria de tensiones en el exterior. Una sequía en Brasil o una ola de calor en Argentina pueden tener un gran impacto en la disponibilidad y precios de alimentación animal en Europa, con lo que esto supone para la seguridad de suministro de proteínas.
Un estudio conjunto del Potsdam Institute y el Banco Central Europeo mostró que en 2022 el calor extremo incrementó la inflación alimentaria entre un 0,43 y 0,93 puntos porcentuales, un efecto que se prevé que pueda crecer entre un 30% y un 50% con las proyecciones de calor que se esperan para 2035. Con una inflación alimentaria en crecimiento, y sin una mayor diversificación de fuentes de proteína, los españoles y el resto de europeos tendrán más difícil acceder a alimentos nutritivos para su dieta.
¿Cómo contribuye la producción alimentaria al calentamiento global?
Nuestro sistema alimentario es tanto una víctima como una causa del calentamiento global, ya que cultivar, producir, transportar y almacenar los alimentos que comemos contribuye al aumento de las temperaturas. El sistema alimentario mundial es responsable de aproximadamente un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero antropogénicas. La naturaleza de nuestro sistema alimentario, sediento de superficie agrícola, también provoca la destrucción y degradación de sumideros de carbono naturales y de masas forestales que contribuyen a regular las temperaturas, tanto en Europa como en el resto del mundo.
Dentro de esa cifra, la producción cárnica y láctea suponen una mayoría de la huella ambiental del sistema alimentario.
De forma similar a lo que ocurre en España, las proteínas de origen animal como la carne o la leche suponen el 84% de las emisiones de gases de efecto invernadero en la producción alimentaria de la UE. La mayoría de estas emisiones proviene del metano resultante de la cría de ganado, así como del óxido nitroso resultante de los fertilizantes utilizados para el cultivo de piensos animales. Otra parte proviene de las emisiones del transporte y el procesado de la alimentación animal.
En Europa, la ganadería acapara el 71% de la superficie agrícola, aunque sólo produce el 35% de las calorías totales producidas en la UE. Pese a que las guías de dieta sostenible y saludable ya recomiendan variar las fuentes de proteína, los productos de origen animal siguen representando en torno al 65% de la proteína que se consume en la UE. Es más, España es el país de la UE que más carne consume por persona, con 93 kg de carne al año por persona.
La diversificación proteica: una solución tanto para la mitigación como para la adaptación
La diversificación permite reducir riesgos. Un sistema alimentario que depende de forma excesiva de una única fuente de proteína que es especialmente vulnerable al calor extremo y a disrupciones en las cadenas de suministro deja poco margen para resistir a posibles eventos adversos. Diversificar nuestras fuentes de proteína hacia una mayor variedad de proteínas de origen vegetal, obtenidas mediante fermentación o cultivadas podría contribuir a hacer el sistema alimentario más resiliente, reduciendo su impacto sobre el cambio climático y adaptándose a su vez a sus efectos negativos.
Los productores de café y aceite de palma ya están aplicando esta lógica y están utilizando la fermentación de precisión, una técnica que hace uso de microorganismos para producir proteínas o grasas, para la elaboración de los mismos alimentos, pero con cadenas de suministro más sostenibles y resilientes.
Las proteínas alternativas normalmente requieren menos agua y superficie agrícola, emiten menos emisiones y provocan menos contaminación del aire o el agua que la producción de proteínas de origen animal. Las proyecciones de la Agencia Europea del Medio Ambiente apuntaba a que un avance coordinado hacia un mix proteico más diversificado podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE en un 5% en menos de diez años. Esa cifra refleja una transición gradual en toda la economía; a nivel de producto, la diferencia es mucho más marcada: otro análisis sugiere que las proteínas alternativas pueden reducir las emisiones en hasta un 98% en comparación con la producción convencional de proteínas, poniendo coto al calentamiento global y a sus consecuencias.

La diversificación proteica reduciría la superficie agrícola que necesitamos para nuestra alimentación. Esto permitiría un uso más eficiente y sostenible de la tierra, como por ejemplo dedicándola a prácticas agrícolas sostenibles o a la conservación y recuperación de la naturaleza, actividades que, a su vez, absorben emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyen a regular el clima y pueden reducir también el riesgo de incendios. Si Europa llevará a cabo ese cambio a una mayor presencia de proteínas alternativas, se estima que una superficie equivalente a todo el territorio nacional de Francia podría destinarse a prácticas agrícolas sostenibles o para impulsar la producción local de alimentos. En España, incluso en un escenario de diversificación moderada, el 22% de la superficie agrícola (unas 5,2 millones de hectáreas) podría destinarse, por ejemplo, a la agricultura ecológica, las prácticas extensivas y regenerativas y la recuperación de ecosistemas.
Las proteínas alternativas requieren menos insumos, y proporcionan una hoja de ruta para reducir la dependencia de España y Europa de las importaciones, especialmente de alimentación animal, contribuyendo a proteger a nuestro continente de disrupciones relacionadas con el clima en otras regiones. La diversificación proteica también puede contribuir al crecimiento económico, ofreciendo nuevas oportunidades para los agricultores que ven su modo de vida en peligro y, según un reciente informe, podrían contribuir con 111.000 millones de euros a la economía europea y 10.000 millones de euros a la economía española cada año en 2040.
¿Qué se necesita para aprovechar el potencial de las proteínas alternativas?
Si nuestro sistema alimentario actual y, en particular, la ganadería intensiva, es tanto causa como afectado por el cambio climático, necesitamos actuar en dos frentes al mismo tiempo: reducir las emisiones que causan el calentamiento global y las olas de calor y, al mismo tiempo, hacer que el sistema alimentario sea menos vulnerable a los fenómenos extremos a los que ya nos enfrentamos. La diversificación proteica permite abordar ambos.
Eso sí, no es una solución rápida. Para aprovechar todo el potencial de la diversificación proteica es necesaria una inversión sostenida en I+D, infraestructuras de producción y un marco regulatorio adecuado para que más y más hogares puedan disponer de opciones saludables, sabrosas y sostenibles.
- Inversión en I+D: Las administraciones deben invertir en investigación de acceso libre para mejorar el sabor, el valor nutricional y el precio de las proteínas alternativas, y garantizar que España y Europa puedan ser líderes en la diversificación proteica. No en vano, el ecosistema español de I+D en proteínas alternativas es uno de los más potentes del continente.
- Inversión en infraestructura de producción: Muchas empresas de proteínas alternativas son empresas emergentes de base tecnológica que no disponen de la infraestructura necesaria para producir a escala, lo que implica que los precios se mantienen elevados y se restringe la disponibilidad de alimentos sostenibles. Es crucial movilizar, como ya ha ocurrido en Galicia, inversiones públicas y privadas que mejoren el acceso a infraestructuras de escalado para poder aprovechar todo el potencial económico y ambiental de este sector.

Imagen: Vow
- Adecuar la normativa: Los estándares europeos de seguridad alimentaria son los más altos del mundo, y muchos productos de proteínas alternativas (desde ingredientes a alimentos finales) necesitan autorización regulatoria para llegar a nuestros supermercados. Sin embargo, sigue habiendo ineficiencias y una falta de acceso a información en el proceso de autorización, causando retrasos y generando incertidumbre en las empresas e inversores. Simplificar y agilizar las autorizaciones, por supuesto sin comprometer la seguridad, contribuiría a facilitar que una mayor variedad de alimentos de proteínas alternativas lleguen lo antes posible a nuestros platos. En España, el Sandbox Agrifoodtech tiene una oportunidad única para poder contribuir a ese fin, sentando a la misma mesa a reguladores, empresas y expertos.
- Acompañar a los agricultores: Cultivar más proteínas vegetales puede ofrecer a los agricultores españoles y del resto de Europa una forma de contar con un modo de vida más resiliente, adaptado a la realidad climática. Sin embargo, emprender este camino sin el debido acompañamiento por parte del sector público y, en algunos casos, del sector privado, puede ser un riesgo. Por ello, políticas públicas de acompañamiento y apoyo a quienes quieren optar por la producción de este tipo de alimentos e insumos son clave para facilitar que más y más agricultores puedan beneficiarse de esta oportunidad.
¿Cómo contribuye GFI Europe a facilitar esta diversificación proteica?
En GFI Europe, nuestra misión es hacer más fácil y más rápida la diversificación proteica, de forma que podamos construir un sistema alimentario más sostenible y resiliente.
Producimos informes basados en la evidencia científica disponible y realizamos incidencia con decisores públicos, investigadores y empresas para ayudarles a tomar decisiones informadas.
- A principios de 2026, GFI Europe financió un nuevo análisis que analiza las oportunidades económicas de las proteínas alternativas en Europa. Este informe concluyó que, para 2040, el sector podría aportar 111.000 millones de euros anuales a la economía europea. En España, esa inyección económica ascendería a los 10.000 millones de euros anuales, y contribuiría a 34.000 empleos, el 12% de ellos en la agricultura. Desde su publicación, el informe nos ha permitido entablar un diálogo con responsables políticos sobre cómo las proteínas alternativas pueden contribuir al crecimiento económico, la seguridad alimentaria y la innovación.
- En 2025, GFI Europe realizó un análisis del ecosistema español de proteínas alternativas, con un repaso al ecosistema de I+D que se vehicula a través de universidades, centros tecnológicos y organismos de investigación, y al ecosistema industrial de startups y empresas que ya ofrecen soluciones innovadoras en proteínas alternativas en España. Como resultado, hemos conseguido reuniones con diputados, senadores, varios ministerios y gobiernos autonómicos para mostrar la fortaleza del ecosistema español y la oportunidad de que España se convierta en un referente en proteínas alternativas en el sur de Europa.
- En colaboración con la Asociación de Profesionales Sanitarios para la Nutrición (PAN International), realizamos una revisión exhaustiva de la literatura científica y las narrativas sobre alimentos ultraprocesados y qué conclusiones pueden aplicarse a los análogos cárnicos de origen vegetal. Esta guía ayuda a explicar la evidencia existente sobre el procesado y destaca los beneficios nutricionales y ambientales de la carne vegetal, proporcionando a los expertos en nutrición y dietética, en salud pública y a los decisores públicos en estos ámbitos un recurso sólido con el que trabajar.
Ayudamos a estudiantes en universidades de toda Europa a impulsar la investigación y la innovación en proteínas alternativas, y a crear itinerarios de desarrollo profesional que respalden el futuro del sector
- GFI estableció el Alt Protein Project, una red estudiantil a nivel mundial para convertir las universidades en el motor de la formación, investigación e innovación en proteínas alternativas. En 2026, el capítulo de la Universidad de Lisboa organizó una conferencia sobre cómo avanzar hacia la equiparación de precios en la carne cultivada y creó el podcast Aquí Não Há Bife! sobre diferentes aspectos de los alimentos de proteínas alternativas.
Contribuimos a movilizar financiación para la investigación de acceso libre que haga las proteínas alternativas más atractivas, más saludables y más asequibles.
- El Good Food Institute ha concedido más de 24 millones de dólares (unos 21 millones de euros) a 129 proyectos de investigación que lidian con algunos de los principales retos técnicos de este ámbito. Uno de ellos, por ejemplo, fue el proyecto que está realizando la investigadora del CNTA Carolina González Ferrero para la utilización de nuevos ingredientes alimentarios derivados del girasol.
- Gracias a nuestra labor de incidencia pública, también hemos logrado la movilización de más de 2.100 millones de dólares (unos 1.800 millones de euros) en financiación pública para la I+D en proteínas alternativas en todo el mundo a fecha de 2026.
Como organización sin ánimo de lucro, nuestro trabajo para hacer posible la diversificación proteica y para obtener todos sus beneficios para el clima, la salud, la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la economía sólo es posible gracias a nuestra generosa familia de mecenas que también creen en un mejor sistema alimentario.
Estamos muy agradecidos y orgullosos de haber sido reconocidos como una de las organizaciones de mayor impacto en el ámbito del cambio climático por Giving Green. Según su análisis, una donación de 2,98 dólares a GFI se traduce en una tonelada de CO2eq de emisiones que no se emite a la atmósfera (el equivalente a más de 7.000 km de un coche de gasolina).
Tu donación hoy puede ayudar a asegurar el apoyo y la inversión necesarios para construir un sistema alimentario que pueda soportar este calor.